VALENCIA Y LA ABSTRACCIÓN, CONSTRUCCIONES CON GEOMETRÍA Y COLOR. Trayectoria vital y creativa del artista Vicente Gómez García (1926-2012)

 

 

Josep-Marí Gómez Lozano y Joan Gómez Alemany (Coords.). VALENCIA Y LA ABSTRACCIÓN, CONSTRUCCIONES CON GEOMETRÍA Y COLOR. Trayectoria vital y creativa del artista Vicente Gómez García (1926-2012)

Valencia: EdictOràlia, 2022, 280 p.

Prólogo de Manuel Muñoz Ibáñez

Fotografías de las obras de Vicente Gómez García de Vicente Gómez Lozano

Diseño y maquetación: EdictOràlia

Director de la colección: Josep Lluís Galiana

ISBN: 978-84-122173-1-5

PVP: 28€




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SINOPSIS

Este es el primer catálogo monográfico sobre el artista valenciano Vicente Gómez García (1926-2012), quien a lo largo de más de 60 años creó una vasta obra, como se refleja en las 449 piezas catalogadas en el inventario de este libro. En la posguerra, Gómez García fue uno de los renovadores artísticos de la conservadora escena valenciana, siendo fundador y miembro del grupo vanguardista Los Siete, junto a Vicente Castellano, Vicente Fillol, Juan Genovés, Ricardo Hueso, Juan Bautista Llorens y José Masiá. Posteriormente, en sustitución de algunos miembros, se le añadirán Ángeles Ballester, Joaquín Michavila y Eusebio Sempere. Aunque Vicente Gómez ha formado parte de la vanguardia valenciana con una obra muy numerosa y variada, no ha corrido la misma “suerte” que algunos de sus compañeros de generación. En vida, pudo disfrutar de cierto reconocimiento al dedicársele ocasionalmente exposiciones monográficas como la del Museo de Bellas Artes San Pío V y la del Museo de Historia de Valencia, pero hoy su nombre resulta prácticamente desconocido. La escasa bibliografía referida al artista y el hecho de que en fechas tan tardías este sea su primer catálogo ya es una clara muestra de ello. La solitaria actitud de Vicente, totalmente entregada con pasión y perfeccionamiento a su trabajo, y su renuncia al sistema mercantilista de galerías, ferias y bienales de arte han sido algunas de las razones por las que la sociedad ha relegado y marginado paulatinamente su nombre hasta caer en el olvido. Transcurrida una década de su fallecimiento, se ha querido honrar su memoria y trabajo, dedicándole este libro que posibilite un ágil y sistemático conocimiento de toda su trayectoria.

Para la escritura de este libro se ha indagado de una manera directa en los extensos archivos personales de Vicente Gómez y se ha hablado personalmente con sus familiares, recopilando e investigando información que hasta ahora era totalmente inédita. El libro consta de un prólogo, cuatro amplios capítulos y un epílogo. El prólogo nos introduce de forma muy resumida en el polifacético artista y en cada uno de los textos. El primer capítulo está formado por diversos artículos escritos por historiadores del arte valenciano, que contextualizan la obra y vida de Vicente Gómez. Como contraste y complemento, el segundo capítulo reúne diversos autores de variados perfiles y distintas disciplinas como la matemática, filosofía, arquitectura, fotografía, psicología, etc., que investigan su trabajo desde múltiples visiones indagando en sus aspectos interdisciplinares. El tercer capítulo consta de la información esencial para entender al artista mediante su biografía, los rasgos generales de su trabajo, sus etapas y unos pocos documentos escritos por el mismo Vicente Gómez y su amigo Joaquín Michavila. El cuarto y último capítulo contiene el catálogo de imágenes y un inventario general de su obra artística por orden cronológico y temático. Finalmente, el epílogo es una breve reflexión con la idea de redescubrir la figura del pintor Vicente Gómez.

Valencia sur, reflexión especular y modulación geométrica, 1988, de Vicente Gómez García

ÍNDICE

Prólogo
Manuel Muñoz Ibáñez

Capítulo I
CONTEXTO Y TRAYECTORIA

Vicente Gómez García: el camino de la abstracción (análisis de su trayectoria artística)
Pascual Patuel

Vicente Gómez: Diálogos entre la abstracción cromática y los recursos figurativos
Román de la Calle

La definitiva recuperación de Vicente Gómez García. El gran olvidado de la vanguardia valenciana
Francisco Agramunt Lacruz

Los felices años juveniles entre el “tontódromo” y la agrupación plástica de Los Siete
Felip González Martínez

Una prolongada colaboración con Vicente Gómez García
Josep-Marí Gómez Lozano

Capítulo II
MÚLTIPLES VISIONES Y LECTURAS PLURIDISCIPLINARES

Espacio, tiempo y lugar: Vicente Gómez y la figuración dinámica
Rafael Sánchez Grandía y Pablo B. Sánchez Gómez

Algunas notas sobre cine y pintura (con el permiso de la música). A propósito de Temps i espai
Javier Moral

Notas impresas al compás de los paisajes de Vicente Gómez
Rocío Garriga

La arquitectura en la pintura de Vicente Gómez
Ioana Sintimbrean

La Valencia de Vicente Gómez (y algunos precedentes gráficos sobre la ciudad)
Albert Ferrer Orts

La fotografía y su influencia en la obra de Gómez García
Joan Gómez Alemany

Pinceladas, color y psique
Carmen Gómez

Capítulo III
BIOGRAFÍA, ETAPAS Y DOCUMENTOS

Biografía de Vicente Gómez García
Josep-Marí Gómez Lozano

Rasgos generales de su obra y etapas
Joan Gómez Alemany

Vicente Gómez: la ciudad reencontrada
Joaquín Michavila

Reflexiones de Gómez García para su exposición Valencia. Desarrollo de una investigación estética
celebrada en el Museu de Bellas Artes de Valencia en 1981
Vicente Gómez García

Reflexiones de Gómez García para su exposición València 1978-2008. Una visió personal
celebrada en el Museu d’Història de València en 2008
Vicente Gómez García

Presentación de Gómez García para su exposición València 1978-2008. Una visió personal
celebrada en el Museu d’Història de València en 2008
Vicente Gómez García

Capítulo IV
CATÁLOGO E INVENTARIO

Catálogo de obra selecta

Series de la abstracción geométrica

Inventario general de la obra artística por orden cronológico y temático

Epílogo
Javier Martí Oltra

De izquierda a derecha, Vicente Gómez García, Eusebio Sempere, Ángeles Ballester, Joaquín Michavila y Juan Bautista Llorens. Fotografía de Pérez Aparisi, probablemente de 1954 en la Sala Braulio, de una exposición del grupo Los Siete.

BIOGRAFÍA

Vicente Gómez García nació el 11 de noviembre de 1926 en el seno de una familia modesta domiciliada, seguramente, en el nº 43 del Camino de Patraix (actual calle Enrique Olmos nº 6). De bien joven se sintió atraído por la pintura ingresando el 1946 en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Carlos de Valencia, donde concluyó sus estudios en 1952. En los últimos cursos de la carrera contribuyó, como miembro fundador, a la constitución del grupo Los Siete. Formado inicialmente por Juan Genovés, Vicente Castellano, Vicente Gómez, Vicente Fillol, Juan Bautista Llorens, Ricardo Hueso y José Masiá, posteriormente, tras retirarse Masià, Fillol y Genovés, se incorporaron respectivamente Joaquín Michavila, Ángeles Ballester y Eusebio Sempere. En 1959, realizó su primera exhibición individual en la Sala Braulio de Valencia. En 1968, expuso en la Sala Mateu. Posteriormente, realizó tres exposiciones consecutivas en la Sala Xiner, en 1972, 1973 y 1975, y, al año siguiente, expuso en la Galería Toscana también de Valencia.

La consulta del libro La ciutat de València. Síntesi d’Història i de Geografía urbana, escrito por Manuel Sanchis Guarner y, sobre todo, los comentarios, reflexiones y análisis que realizaban Vicente y su hijo, el también pintor Josep-Marí Gómez Lozano, sobre la evolución y etapas en el desarrollo de Valencia, crearon en Vicente Gómez la idea de hacer una representación e investigación plástica de la ciudad. Fue así como en 1981, presentó en el Museo de Bellas Artes de Valencia la exposición titulada Valencia. Desarrollo de una investigación estética, organizada por el Ministerio de Cultura, el Museo de Bellas Artes y la Real Academia de San Carlos de Valencia, que tuvo su continuación en 1982 en la Sala Testar del Ayuntamiento de Paterna (Valencia).

En 1996, participó en la exposición colectiva La pintura valenciana desde la posguerra hasta el grupo Parpalló (1939-1956), celebrada en la Sala Parpalló del Centre Cultural La Beneficència de la Diputación de Valencia. En 2003, Gómez García retoma nuevamente el paisaje urbano de su ciudad natal y presenta una nueva visión de Valencia desde el Micalet, representando una panorámica completa de la ciudad de 360º. La obra fue cedida en 2004 por espacio de 14 años a la Delegación del Gobierno, siendo exhibida cerca de una década en el claustro superior del Palacio del Temple. Su última exposición individual, titulada València (1978-2008): una visió personal. Vicente Gómez García, tuvo lugar en 2008 en el Museu d’Història de València, donde inauguró una muestra antológica sobre Valencia, su ciudad, a la que ha retratado y estudiado perseverantemente durante más de 30 años. Una exposición que exhibió desde sus primeros trabajos realizados a inicios de los años cincuenta hasta sus últimas creaciones de 2008.

Vicente Gómez fue un artista polifacético y complejo que profundizó en la experimentación vanguardista, llegando a crear a lo largo de su dilatada trayectoria un universo plástico muy personal constituido por una gran diversidad de lenguajes, estilos y técnicas a veces en convivencia. En su obra se puede encontrar tanto el realismo, impresionismo, expresionismo cromático-matérico, constructivismo volumétrico, hiperrealismo, y sobre todo la abstracción geométrica, que le llevó a crear varias series de pinturas y esos sorprendentes artefactos híbridos denominados “pictoesculturas”, con las que exploró el espacio tridimensional de la pintura.

La madrugada del 26 de marzo de 2012, su corazón se apagó mientras dormía. Murió a los 86 años de edad, tras una vida de más de 60 años consagrada al oficio de pintor y después de dejar tras de sí cerca de 500 obras, a la espera de una merecida difusión y reconocimiento del que apenas disfrutó en vida.

Vicente Gómez en su estudio de la calle Cuba, ca. 2001, mientras elaboraba su obra Abstracción Geométrica s.III. Fotografía de Vicente Gómez Lozano.

CITAS SOBRE VICENTE GÓMEZ GARCÍA

Nos hallamos, pues, ante un extenso trabajo de interés, participado por numerosos investigadores destacados, tendentes a analizar, contextualizar y poner al día, la extensa obra creativa de Vicente Gómez García, un autor interesante y hasta el momento, injustamente poco conocido.
Manuel Muñoz Ibáñez

Hace suya la famosa máxima de Leonardo da Vinci “l’arte non è mai finita, ma solo abbandonata”, propósito que puso en práctica en bastantes ocasiones a lo largo de su dilatada trayectoria artística. Ese afán de superación, que fue constante a lo largo de su vida y que, a veces, le llevaba a no dar por acabado nunca un cuadro, le animaba a retocar y cambiar una misma obra al paso del tiempo.
Pascual Patuel

Terrazas y tejados, reservados quizás para el disfrute pictórico obsesivo de aquel maduro, introvertido y solitario Vicente Gómez, en sus inacabables rastreos, tras la vida. Hay que reconocer que los cielos habitados de Valencia, a través de sus lienzos y vastas extensiones figuradas, nunca dejaron de pertenecerle virtualmente, incluso de manera astutamente monográfica.
Román de la Calle

Pronto se cumplirá una década del fallecimiento del pintor Vicente Gómez García (1926-2012), y ha llegado el momento de rendirle un sentido homenaje y recordarle como un pionero destacado de la renovación artística valenciana de la postguerra, al mismo tiempo que una de sus figuras más singulares, cuya obra plástica variada y múltiple, transitó por fascinantes territorios fronterizos, modos y lenguajes artísticos.
Francisco Agramunt

Alguien dijo que la automarginación es un signo de talento, y ciertamente, la renuncia consciente a participar en el fluctuante acontecer social del complejo mundo de la expresión pictórica, requiere una fuerte capacidad de aislamiento y profundas convicciones respecto a lo que es esencial en el quehacer artístico.
Joaquín Michavila

Abstracción Geométrica s.III (segunda fase) 2004-2008, de Vicente Gómez García

RESEÑAS de PRENSA

Vicente Gómez García, o la abstracción geométrica

Paco Yáñez, ARTES Y COSAS,

Paul Cézanne permaneció durante años observando la montaña de Sainte-Victoire hasta sus últimos detalles, creciendo su propia pintura a medida que en los cerca de ochenta cuadros que tuvieron como protagonista al macizo de Aix-en-Provence éste fue trascendiendo el Impresionismo para adentrarse en una abstracción geométrica de las formas naturales que dejaba las puertas abiertas a la crucial renovación artística que, en el primer tercio del siglo XX, supusieron las vanguardias.

Esa atenta mirada del pintor francés y su proceso de evolución desde lo figurativo a lo geométrico es un referente histórico que me ha venido de inmediato a la mente al adentrarme en las páginas del excelente libro del que hoy les damos cuenta, Valencia y la abstracción, construcciones con geometría y color, volumen de la editorial valenciana EdictOràlia en el que, como reza su título, se lleva a cabo un amplio y detalladísimo repaso a la Trayectoria vital y creativa del artista Vicente Gómez García, pintor nacido en Valencia, el 11 de noviembre de 1926, y fallecido en la misma ciudad hace diez años, el 26 de marzo de 2012.

En el caso de Vicente Gómez García, esa Sainte-Victoire personal fue la propia Valencia, que una y otra vez tomó forma en sus lienzos, estilizándose y sirviendo de modelo para que el diálogo entre la técnica y el estilo fuese definiendo el desarrollo de su pintura hacia una abstracción geométrica cuya evolución muestra con prístina claridad la serie de tres cuadros que los coordinadores de este volumen, Josep-Marí Gómez Lozano y Joan Gómez Alemany, han emplazado en la portada del libro. Y es que Valencia y la abstracción, construcciones con geometría y color nos da las claves de ese desarrollo con una minuciosidad encomiable, así como con una profusión en la documentación gráfica que para sí quisieran algunas de las editoriales más afamadas en el campo de la divulgación artística.

El volumen que hoy reseñamos, recientemente presentado en Valencia, se divide en un prólogo, cuatro enjundiosos capítulos y un epílogo, con textos escritos por artistas y estudiosos de la obra de Vicente Gómez, cuya producción ponen en contexto no sólo con respecto a sus artistas más cercanos, los que, con el propio Gómez García, formaron el grupo de Los Siete (1948-54), sino con esa España marcada por la —en palabras de Gómez Lozano— «miseria cultural» de la posguerra; una posguerra en la que la familia de Vicente Gómez consiguió eludir la exterminadora represión franquista, a pesar de que el padre del pintor fuese simpatizante del Partido Radical Socialista, y su familia, claramente republicana, algo que marcó sus dificultades económicas tras la contienda civil, lo cual no impidió que Vicente Gómez pudiese cursar estudios de Bellas Artes, así como de Restauración y, de forma puntual, Cerámica: estudios que, sin duda, están en la raíz de sus formas pictóricas más maduras y personales, en las que observamos un perfeccionismo abrumador y una voluntad escultórica que trasciende lo bidimensional, con una mención muy especial para su serie de Pictoesculturas de comienzos del siglo XXI.

Pero antes de llegar a esas obras tardías, que suponen una suerte de síntesis de todo un camino de vida, Valencia y la abstracción, construcciones con geometría y color nos presenta diversos escritos que ponen en contexto la vida y la obra de Vicente Gómez: un trabajo de tal envergadura, que lleva a Manuel Muñoz Ibáñez, presidente de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos, a afirmar, en su prólogo, que «No es una cuestión frecuente en nuestros días un trabajo de revisión analítico-crítica como la realizada en esta circunstancia, en torno a la figura y a la labor creativa de un pintor contemporáneo. Y, menos todavía, que sea llevada a cabo por tan extenso conjunto de historiadores e investigadores relevantes», entre los que se incluyen un buen número de doctores en Bellas Artes. Todos ellos se adentran en quien Muñoz Ibáñez califica como «un autor interesante y hasta el momento, injustamente poco conocido»; un autor que el propio presidente de la Academia de San Carlos pone en contexto artístico, pero que será el primer capítulo el que nos lo sitúe en esa España que, desde que Vicente Gómez toma los pinceles, avanza desde una nefanda autarquía hasta esta imperfecta democracia que en la actualidad nos hemos (o han) dado (tan bien atada).

Dicha ubicación en un espacio político, social, cultural y artístico es llevada a cabo en Contexto y trayectoria, primer capítulo del libro, en el que nos encontramos como primer texto un excelente trabajo de Pascual Patuel en el que analiza la trayectoria artística del pintor valenciano, repasando la situación del arte español en el franquismo y sus modelos fascistas, y cómo desde este asfixiante ambiente el grupo de Los Siete fue encontrando un lenguaje y unos códigos propios con los que afianzar su creatividad al margen de los cánones carpetovetónicos. El texto de Patuel es de una exhaustividad encomiable, y lleva a cabo un repaso integral a la trayectoria de Vicente Gómez: un ensayo que, por sí mismo, casi compendia al conjunto de este libro, si bien otros de los escritos aquí reunidos, también muy completos, no dejan de aportar nuevas perspectivas y matices que nos ayudarán a comprender la globalidad del pintor y su complejidad artística. Cabe destacar el detalle con que Patel profundiza en las primeras obras de Gómez García, en un estilo más tradicional, así como la profusa cantidad de imágenes de cuadros y fotografías de archivo que ilustran su texto: un despliegue poco común y que nos habla del enorme trabajo de compilación y edición realizado por los coordinadores de este volumen.

El segundo texto del primer capítulo viene de la mano de Román de la Calle, y en él se adentra en ese «dilema histórico» que para un pintor de mediados del siglo XX resultaba el escoger entre los caminos de la figuración y/o la abstracción: disyuntiva en los lienzos de Vicente Gómez completamente superada e integrada, pues muchos de sus cuadros son, precisamente, una suma de ambas posibilidades, reuniéndose lo que De la Calle dice abstracción cromática y recursos figurativos. Esas miradas cezannianas de Gómez García a la ciudad de Valencia nos dan, según Román de la Calle, algunas de las claves para, a través de la evolución de dichos lienzos, comprobar cómo un lenguaje deviene otro (y viceversa), antes de ese salto a la tercera dimensión que suponen las Pictoesculturas.

El tercer ensayo lo firma el doctor en Bellas Artes y académico de San Carlos Francisco Agramunt Lacruz, con un título que deja bien a las claras las intenciones de su texto: Definitiva recuperación de Vicente Gómez García. El gran olvidado de la vanguardia valenciana. El propio Agramunt comparte con nosotros sus recuerdos personales de Vicente Gómez, a quien en 1999 dedicó una entrada en el Diccionario de Artistas Valencianos del Siglo XX publicado por la editorial Albatros, un texto en el que destaca su técnica rigurosa, una sensibilidad extraordinaria y la propia voluntad de Vicente Gómez de alejarse de los corrillos del mundo del arte para dedicarse al estudio y a esa incansable contemplación que hizo de los paisajes vistos por su retina la materia prima de sus panoramas pictóricos en proceso de abstracción. Como crítico e historiador del arte, Agramunt compartió no pocos momentos con Gómez García, que aquí nos relata, así como algunas de las aficiones del pintor, incluida la música clásica. Folletos de salas de exposiciones, así como fotografías del pintor y de sus compañeros de Bellas Artes, completan un texto escrito en primera persona histórica, con la pertinencia de quien acompañó a Vicente Gómez en tiempo real en muchos de sus logros artísticos.

El también doctor en Bellas Artes Felip González Martínez se centra en el grupo de Los Siete y en la situación del arte valenciano en la posguerra, una temática que aparece en diversos textos de este volumen, pero que aquí se desarrolla de forma especialmente sistemática, incluyendo desde un repaso a la formación curricular recibida por estos pintores a entrevistas con Vicente Gómez sobre su relación con el grupo de Los Siete, artistas con los que conformaba un revolución tranquila, alejada de manifiestos y proclamas, y en la que la introspección y el análisis eran sus principales herramientas; lo que no excluía las tertulias, tan de la época, y su frontal oposición al academicismo nacionalcatolicista del momento.

Cierra el primer capítulo un hermoso texto de Josep-Marí Gómez Lozano, doctor en Bellas Artes e hijo de Vicente Gómez, que rememora sus primeros pasos como pintor, en el estudio de su padre, de quien aprendió sus iniciales rudimentos técnicos y un amor al arte que, dice, les transmitió a sus cuatro hijos. Entre los trabajos de Vicente Gómez con los que Josep-Marí Gómez colaboró se encuentra una de las series más ambiciosas de su padre: la de las vistas de la ciudad de Valencia en un giro de 360° desde la torre campanario del Micalet, a partir de unas fotografías tomadas en el año 1976. Relata igualmente el hijo del pintor cómo desde 1984 a 2003 cesó la colaboración entre ellos, siendo retomada en dicho año para acometer la magna La Valencia del tercer milenio (2003-04). Pasadas las décadas, y ya con el pintor fallecido, su hijo completa, en 2022, Valencia. Alegoría del Buen Gobierno, siguiendo los modelos de los grandes muralistas italianos y sobre los trabajos de Vicente Gómez en sus vistas panorámicas de la ciudad del Turia.

El segundo capítulo, Múltiples visiones y lecturas pluridisciplinares, comienza con un texto de los doctores Rafael Sánchez Grandía y Pablo Sánchez Gómez en el que unen sus respectivas formaciones en Física y Filosofía para adentrarse en las relaciones que entre espacio y tiempo se dan en lo que denominan «figuración dinámica» de Vicente Gómez. Es, éste, un ensayo más técnico que los anteriores, en el que se analizan los procedimientos geométricos de Gómez García, poniéndolos en relación con la antigüedad clásica y autores como Newton o Leibniz. Las disrupciones espaciales que observamos en la obra del pintor valenciano son analizadas como parte de una armonía de la forma y del color, como acceso a un nuevo modo de representar ese espacio; un espacio que, alcanzadas las pinturas más abstractas de Vicente Gómez, deviene verdadero tiempo, por sus secuencias y superposiciones, que parecen expresar no sólo cada fase del desarrollo espacial, sino ese mismo tiempo como realidad tangible. De este modo, las piezas tridimensionales del siglo XXI irían, incluso, un paso más allá, convirtiéndose en una encrucijada espacio-temporal poco común en el ámbito de las artes plásticas.

Mientras, Javier Moral se adentra en una obra aún no terminada, la película Temps i espai, obra del compositor y artista visual valenciano Joan Gómez Alemany, nieto de Vicente Gómez e hijo de Josep-Marí Gómez, con quien se adentra, por medio de la pintura, en la obra de su abuelo, poniendo el encuentro entre el cine y la pintura en contrapunto con la música. Película en progreso pero que, por lo leído a Javier Moral, estamos deseando conocer, Temps i espai es analizada en este ensayo desde precedentes históricos en la relación cinematógrafo-pintura como El sol del membrillo (1992), de Víctor Erice, o Wavelenght (1967), de Michael Snow, con la que Javier Moral ve cercanías por su estructuralismo y unión de forma y fondo. Aunque carezcamos en este libro de la música de la película, las imágenes que de Temps i espai podemos ver demuestran la habitual musicalidad en la composición de Joan Gómez Alemany, que tanto debe sin duda, a la influencia de su abuelo. Si a ello le sumamos la también musical concepción del montaje que a Gómez Alemany le conocemos en otras de sus piezas cinematográficas, sin duda Temps i espai constituirá un plato exquisito en su momento, cuando podamos observar, a través de la película finalizada, el proceso de creación de un cuadro en el estudio de Vicente Gómez en la calle Cuba; pero, asimismo, el propio proceso de repensar el cinematógrafo como forma plástico-musical.

El tercer texto del segundo capítulo viene de la mano de la artista, profesora e investigadora Rocío Garriga, que nos comunica un conjunto de bellas y personales reflexiones sobre nuestra relación con el paisaje a través de la pintura de Vicente Gómez: paisajes con los que aprender a mirar el mundo, afirma Garriga.

Dada la presencia tan destacada que la arquitectura tiene en los cuadros de Vicente Gómez, no podía faltar la mirada de un arquitecto; en este caso, de Ioana Sintimbrean. En su texto, Sintimbrean repasa las claves arquitectónicas no sólo de la pintura de Vicente Gómez a nivel técnico, con su voluntad tridimensional, sino el tipo de arquitecturas que éste representó, como evolución de los espacios rurales a los urbanos. Arquitectura, por tanto, como herramienta y punto de partida; arquitectura, incluso, cuando ésta no aparezca explícitamente reflejada, pues, como los futuristas italianos o los suprematistas rusos, en la pintura de Gómez García la voluntad de crear planos y verticalidades es algo constante.

Albert Ferrer Orts continúa esa línea de análisis arquitectónico, ampliándolo a la urbanística, para poner a Vicente Gómez en perspectiva con respecto a pintores del pasado y del presente que han tenido a la ciudad de Valencia en sus lienzos como objeto pictórico, como Anthonie van den Wijngaerde, Antonio Mancelli, Alfred Guesdon o Tomás Vicente Tosca. Interesante trabajo de investigación, el de Albert Ferrer, que pone nuevamente en contexto la mirada paisajística y urbana de Vicente Gómez; además de muy necesaria ejemplificación con algunos de esos cuadros en los que la ciudad levantina ha quedado retratada en diversos momentos de su historia: verdaderas fotografías fijas de ese tiempo que nos hace y nos deshace.

Joan Gómez Alemany vuelve a hacer aparición en este libro con un texto, precisamente, sobre la fotografía y la influencia de ésta en la obra de Gómez García: un ensayo crucial, dada la forma en que el pintor valenciano trabajó desde el medio fotográfico en sus grandes cuadros con las vistas de Valencia como protagonistas, a pesar de lo cual el propio Gómez Alemany sostiene que su abuelo posiblemente apenas tomó fotografías. En su ensayo, Joan Gómez habla de la fotografía como herramienta de trabajo para el pintor, así como de un recurso para la composición y la organización del cuadro, y de un «material generador de ideas, temas y reflexiones». De este modo, cambiantes puntos de vista, ensayos con la profundidad de campo y composiciones que van más allá de cuanto abarca el ojo humano, apoyada la pintura en el montaje fotográfico, son algunos de los aspectos técnicos que Joan Gómez analiza en su texto, con profusión de imágenes de época y su paralelo en los cuadros de Gómez García, apuntando las relaciones entre ambos lenguajes expresivos, así como dándonos interesantes ejemplos de pintores igualmente apoyados en la fotografía en sus respectivas creaciones plásticas, como Andy Warhol, Francis Bacon o el Equipo Crónica. También desplegando una erudita mirada al arte histórico internacional, inserta Gómez Alemany la pintura abstracta de su abuelo en tendencias como el estilo Vorticista: evolución de un Impresionismo que Joan Gómez no deja de relacionar con la fotografía, aunque nos comunica que la relación de la pintura de Vicente Gómez con la misma no es unívoca ni lineal, pero que se ha dado y ha fertilizado su pintura prácticamente a lo largo de toda su carrera.

Cierra el segundo capítulo la doctora en Psicología Carmen Gómez, que en Pinceladas, color y psique se adentra en la génesis, crisis y cambios que sufrió el desarrollo artístico de Vicente Gómez hasta su última madurez. La escala de la motivación humana de Maslow y la Teoría del Desarrollo Psicosocial de Erikson sirven a Carmen Gómez para recorrer las distintas etapas de la vida del pintor, analizando sus expresiones artísticas desde dichos marcos teóricos y vivencias biográficas, habiendo alcanzado, como señalan las conclusiones de este ensayo, las últimas etapas en los cuadros teóricos de Maslow y Erikson, así como desplegando una creación que trasciende al propio artista, por cuanto su obra comunica al espectador, alcanzado una dimensión social de su obra.

El tercer capítulo del libro, Biografía, etapas y documentos, podría haber figurado en primer lugar, por cuanto nos remite a la trayectoria biográfica de Vicente Gómez, si bien es cierto que muchos de los ensayos precedentes nos ayudan sobremanera a contextualizar al hombre y su creación artística, por lo cual al llegar a este capítulo nos resultará más fácil ubicar históricamente la singladura vital del pintor valenciano. El primer texto de este capítulo corresponde a Josep-Marí Gómez, que con una estupenda selección de fotografías y documentos históricos nos presenta la biografía de Vicente Gómez de forma tan sintética (14 páginas) como perfectamente clara.

El segundo ensayo de este tercer capítulo proviene, de nuevo, de Joan Gómez Alemany, que analiza los rasgos generales de la obra de Vicente Gómez y las etapas en que se articula su catálogo pictórico; unos rasgos que concreta en la geometría; en el interés por su ciudad, Valencia; en lo matérico y el color; y en la ciencia y la técnica, incluyendo aquí elementos como la fotografía, antes ya desgranados y que dieron la posibilidad a Gómez García de pintar lienzos que, sin estos apoyos tecnológicos, «habrían sido «imposibles de pintar»». Un aspecto muy importante de este ensayo es el referido a la catalogación, a la datación y a los títulos de los cuadros de Vicente Gómez, pues nos confirma Joan Gómez que la mayoría de ellos fueron puestos a posteriori por Josep-Marí Gómez y Joan Gómez (hijo y nieto del pintor), ya que Vicente Gómez apenas ponía títulos a sus cuadros; un trabajo de nomenclatura que se convirtió en todo un proceso de investigación, a través de los folletos de las exposiciones de Gómez García. Una de esas exposiciones individuales, la última que Vicente Gómez tuvo en vida (Museu d’Història de València, 2008), sirve para clarificar algo más las etapas pictóricas en el catálogo de Vicente Gómez, aquí establecidas en: 1. Periodo de formación y costumbrismo tradicional (1948-1970); 2. Incorporación, renovación y superación de los lenguajes «impresionistas y postimpresionistas», e inicios del realismo e «hiperrealismo» (1970-1980); 3. Estudios geométricos y continuación del realismo (1980-1995); y 4. Abstracción geométrica y últimas visiones de Valencia (1994-2012).

Completan este tercer capítulo textos más breves provenientes de trípticos de salas de exposiciones, así como textos del propio Vicente Gómez García; el último de ellos, leído 7 de octubre de 2008 en la inauguración de la exposición antes referida en el Museu d’Història de València: textos que nos muestran a un hombre sabio, perfectamente consciente de su propia obra y de los lazos que la unían con las diversas corrientes históricas del arte y las posibilidades de lo tecnológico, en una línea de pensamiento muy cercana a los ensayos que en este libro arrojan tanta luz sobre su obra.

Serviría, por tanto, el último texto de Joan Gómez de perfecta entrada para el cuarto y último capítulo del libro, en el que se recoge el catálogo e inventario de la obra de Vicente Gómez García, desde su primera obra conservada, Desnudo femenino de espaldas (1948), hasta las últimas series de Abstracciones geométricas y Pictoesculturas, fechadas ya en el siglo XXI. Hay que destacar la altísima calidad de las reproducciones fotográficas en este cuarto capítulo del libro (como es tónica en todo el volumen): setenta y dos páginas repletas de imágenes de diversos tamaños, debido al muy variable formato y dimensiones de los cuadros de Vicente Gómez. Aplaudir, asimismo, que los grandes polípticos de las Abstracciones geométricas se presenten en conjunto, según sus distintas fases de construcción y ensamblaje, así como individualmente, de forma que resulte más accesible la observación de los muchos y pequeños matices que componen estas obras, de un detalle extremo. Por último, un minucioso inventario de la obra de Vicente Gómez García, tanto cronológico como temático, previamente razonado, y en el que se especifica el número de catálogo, el título de cada obra, su año de creación, su técnica y las dimensiones de cada pintura, escultura, dibujo o estarcido preparatorio.

Cierra este libro, primorosamente editado y repleto de imágenes que nos acercan de primera mano a la vida y la obra de Vicente Gómez, un Epílogo a cargo de Javier Martí Oltra, que rememora sus recuerdos del pintor con motivo de la exposición València 1978-2008. Una visió personal de Vicente Gómez García; un epílogo en el que Javier Martí nos plantea la importancia de revalorizar y dar a conocer a este artista valenciano, tal y como nosotros ahora realizamos a través de la reseña de un libro que supone el más exhaustivo acercamiento a su obra en formato bibliográfico.

Vicente Gómez García siempre fue consciente, y así sus textos lo acreditan, de la dificultad que supone expresar un lenguaje a través de otro de diferente naturaleza: tal decía del lenguaje matemático con respecto a la pintura; y, del mismo modo, en 2008 reflexionaba sobre la debilidad del lenguaje verbal para dar cuenta de lo pictórico: una dificultad y un reto que cualquiera de los que escribimos sobre música bien conocemos. Me gustaría terminar esta reseña dando la palabra al propio Vicente Gómez, con un fragmento de un texto tan bello como profundamente sabio, en el que el pintor valenciano nos llama al diálogo y a la integración de opuestos, en un mensaje que tiene tanto de artístico como de ético:

«Si queremos acercarnos a la representación pictórica de la realidad actual, hemos de hacerlo necesariamente desde diversos puntos de vista; todas las visiones, todas las percepciones de lo que nos rodea son igualmente válidas y ninguna de ellas está más próxima a la verdad que cualquier otra. Hemos de pintar la contradicción, hemos de plasmar nuestra incapacidad para abarcar la totalidad de los matices que somos capaces de percibir; integrándolos en una visión única en la que lo opuesto no nos resulte estéticamente molesto».

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Vicent Gómez García (1926-2012), un artista polifacètic i complex

El primer monogràfic sobre l’artista valencià es presenta a la Facultat de Geografia i Història de la UV aquest divendres

per NLV, LA VEU,

Vicent Gómez García va nàixer l’11 de novembre de 1926 al camí de Patraix, a València. El 1946 va ingressar a l’Escola Superior de Belles arts de Sant Carles i els últims cursos de la carrera va contribuir, com a membre fundador, a la constitució del grup Els Set, format inicialment per Joan Genovés, Vicente Castellano, Vicent Gómez, Vicent Fillol, Juan Bautista Llorens, Ricardo Hueso i José Masià. Posteriorment, després de retirar-se Masià, Fillol i Genovés, s’incorporaren respectivament Joaquim Michavila, Ángeles Ballester i Eusebi Sempere. El 1959 va dur a terme la primera exhibició individual a la Sala Braulio del Cap i casal. Més endavant, a la mateixa ciutat, va exposar a la Sala Mateu (1968), la Sala Xiner (tres vegades del 1972-1975) i la Galeria Toscana (1976).

El 1981 va presentar al Museu de Belles Arts de València l’exposició titulada València, que va tindre continuació el 1982 a la Sala Testar de Paterna (l’Horta Nord). La mostra desenvolupava la idea de fer una representació i investigació plàstica de la ciutat a partir del llibre de Manuel Sanchis Guarner La ciutat de València. Síntesi d’Història i de Geografia urbana.

El 1996, va participar en l’exposició col·lectiva La pintura valenciana des de la postguerra fins al grup Parpalló (1939-1956), a la Sala Parpalló del Centre Cultural La Beneficència de València. El 2003, va reprendre una altra vegada el paisatge urbà de la seua ciutat natal i va presentar una nova visió des del Miquelet: una panoràmica completa de l’urbs de 360º. L’obra fou cedida el 2004 a la Delegació del govern espanyol i va ser exhibida prop d’una dècada al claustre superior del Palau del Temple.

La seua última exposició individual, titulada València (1978-2008): una visió personal. Vicente Gómez García, va tindre lloc el 2008 al Museu d’Història de València. Es tractava d’una mostra sobre la ciutat, a la qual havia retratat i estudiat durant més de 30 anys, que incloïa des dels primers treballs d’inicis dels anys cinquanta fins als d’aquell any.

Vicent Gómez va ser un artista polifacètic i complex que va aprofundir en l’experimentació avantguardista i va crear al llarg de la seua dilatada trajectòria un univers plàstic molt personal constituït per una gran diversitat de llenguatges, estils i tècniques de vegades en convivència. En la seua obra trobem realisme, impressionisme, expressionisme cromàtic-matèric, constructivisme volumètric, hiperrealisme, i sobretot l’abstracció geomètrica. Aixó va fer que duguera a terme diverses sèries de pintures i uns sorprenents artefactes híbrids denominats «pictoescultures», amb els quals va explorar l’espai tridimensional de la pintura.

Va morir el 26 de març del 2012, als 86 anys, després d’una vida de més de 60 anys consagrada a l’ofici de pintor. Va deixar un llegat de quasi 500 obres a l’espera d’una merescuda difusió i reconeixement del qual a penes va gaudir en vida.

Presentació del catàleg monogràfic

El primer catàleg monogràfic dedicat a Vicent Gómez García es presentarà aquest divendres, 11 de març, al Saló de Graus de la Facultat de Geografia i Història de la Universitat de València.

Encara que l’artista ha format part de l’avantguarda valenciana amb una obra molt nombrosa i variada, no va gaudir d’un cert reconeixement en vida i el seu nom resulta pràcticament desconegut. L’escassa bibliografia referida a l’artista i el fet que en dates tan tardanes aquest siga el seu primer catàleg, ja és una clara mostra d’això. La solitària actitud de Vicent, totalment entregada amb passió i perfeccionament al seu treball, i la seua renúncia al sistema mercantilista de galeries, fires i biennals d’art han sigut algunes de les raons per les quals la societat ha relegat i marginat gradualment el seu nom fins a caure en l’oblit. Transcorreguda una dècada de la seua defunció, s’ha volgut honrar la seua memòria i treball amb la publicació d’aquest llibre, que possibilita un àgil i sistemàtic coneixement de tota la trajectòria.

L’obra consta d’un pròleg, quatre amplis capítols i un epíleg. El primer està format per diversos articles d’historiadors de l’art valencià, que contextualitzen l’obra i vida de l’autor. Com a contrast i complement, el segon capítol reuneix diversos autors de variats perfils i diferents disciplines com ara matemàtiques, filosofia, arquitectura, fotografia, psicologia, etc., que investiguen el seu treball des de múltiples visions i indaguen en els aspectes interdisciplinaris. El tercer capítol consta de la informació essencial per entendre l’artista mitjançant la seua biografia, els trets generals del treball, les etapes i uns pocs documents escrits pel mateix Vicent Gómez i el seu amic Joaquim Michavila. El quart i últim capítol conté el catàleg d’imatges i un inventari general de l’obra artística per ordre cronològic i temàtic. Finalment, l’epíleg és una breu reflexió amb la idea de redescobrir la figura del pintor Vicent Gómez.

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Interacciones entre música-pintura y su relación con los artistas Vicente Gómez García y Joaquín Michavila

Las interacciones entre música y pintura, que han sido abundantemente tratadas a lo largo de la historia del arte, proporcionan sustento historiográfico suficiente para abordar en profundidad las figuras de dos pintores relevantes del arte valenciano de la segunda mitad del siglo XX y principios del XXI, como son Vicente Gómez García y Joaquín Michavila[1]. Tras una introducción que nos ayudará a contextualizar la hibridación de lenguajes artísticos y a algunos de sus protagonistas más importantes, el texto profundizará por primera vez las interacciones entre ambos artistas y sus conexiones musicales y pictóricas.

Joan Gómez Alemany, SUL PONTICELLO, 7 de febrero de 2022

METODOLOGÍAS Y CONEXIONES

Para relacionar las disciplinas musicales y pictóricas, podríamos partir de numerosas corrientes del pensamiento, por ejemplo, el análisis mediante un enfoque estructural o formalista como haría un filósofo kantiano o neo-kantiano, un proceder fenomenológico que podría entenderse desde un planteamiento a lo Hegel o a lo Husserl, un análisis desde lo sígnico o lingüístico como realiza la semiótica, simbólico como realizara Ernst Cassirer, desde la estética del psicoanálisis, etc. Como es de suponer y en la modestia de nuestro texto, no profundizaremos en estas metodologías o pensamientos, sino que recurriremos a nuestra propia experiencia y a cruzar nuestro conocimiento adquirido en los amplios campos del saber, para hibridarlo entre sí mediante la intuición. Porque como dice Étienne Souriau: ¿cuántos aciertos de estilo, cuántas graciosas metáforas no se logran utilizando en un arte el vocabulario de otro?[2] Así, pues, hibridaremos la música y la pintura. Partiremos de la siguiente definición: Una obra de arte es un ser único, tan único cuál puede serlo, en su singularidad, una persona humana. Ahora bien, por muy completa, por muy esencial que sea la unidad de un ser humano, éste no deja de establecerse sobre varios planos, o modos, de existencia[3]. Si algo emparenta a las obras de arte y en ese sentido hace posible ponerlas en común es, entre otras cosas, su origen existencial en la inspiración y en la producción imaginaria. La inspiración de una misma idea, motivo o estructura primaria que deriva en una obra o situación artística, puede muchas veces «materializarse» mediante diversas y dispares disciplinas (pintura, música, literatura, performance, cine, etc.). La música y la inspiración han sido puestas en común muchas veces[4] dado el parentesco y simultaneidad que pueden tener ambas, sea por su condición inmaterial o abstracción. La fuerza que tuvo la estética romántica en la música (más que en ninguna otra arte) desde el inicial siglo XIX con Beethoven, hasta las postrimerías ya a mitad del XX con Richard Strauss (por no hablar del neo-romanticismo postmoderno de las últimas décadas y en la actualidad), es ejemplificada por pensadores a lo largo del tiempo como Hegel, Schopenhauer y Nietzsche; además se relaciona y retroalimenta estrechamente con el énfasis de la inspiración genial que fomentó también el romanticismo. Por otro lado, la imaginación que puede ocurrir posteriormente o ser simultánea de la inspiración artística, es también un posible origen común de las artes. Es la imaginación el primer momento de la producción, la imaginación tomada como un proceso de la conciencia, que a su vez se forma a partir del contacto que tienen los individuos con la realidad empírica. A partir de esto, son los factores externos y el conjunto de normas sociales los que convertirán estos objetos, productos concretos de la imaginación, en simples objetos carentes de la guarnición artística por un lado o en las calificadas obras de arte por el otro[5].

¿CÓMO PODEMOS RELACIONAR MÚSICA Y PINTURA SOMERAMENTE?

Nuestra propia experiencia tanto en lo musical como en las artes visuales será una herramienta clave que nos posibilite la búsqueda de interacciones entre el sentido del oído y el ojo. Utilizaremos algunos temas claves que relacionan ambas modalidades artísticas para interconectarlas. Esto siempre en su apertura ambigua y metafórica, nunca cerrada y lógica. Creando un conocimiento propio que, al reflexionar sobre sí mismo y definir sus propias reglas, no caiga en taxonomías estancadas, ni absurdas frivolidades; porque lo indisciplinar sería la respuesta: salirse de las formas preestablecidas para contribuir a un campo de formación del arte tendiente a la expansión y no a la mera contracción que limita al arte en compartimentos estancos y cerrados[6]. La indisciplina de lo interdisciplinar nos ayudará a comprender y construir nuestro propio texto, tal y como los artistas tratados mediante la inspiración musical indagaron e investigaron en su creación pictórica. Como escribe Román de la Calle hablando de la serie Contrapunto de Joaquim Michavila que luego trataremos: ¿Hasta qué extremo esta mirada intratextual de la pintura sobre sí misma y esas conexiones intertextuales de la pintura sobre su propia memoria/historia han podido ser reforzadas, incluso, por la copresencia del decurso musical, asumido como lenguaje-referente, como constructo-modelo, proyectable si no de modo paralelo, sí al menos oblicuamente en el proceso del quehacer pictórico? ¿No ha sido esa misma la sugerente tentación, sustentante de determinados postulados interdisciplinares, que ha aflorado en distintas poéticas artísticas de nuestro siglo, mirando creativamente desde la pintura hacia la música o desde la música hacia la pintura?[7] Investigaremos las artes desde las artes, comprenderemos el mundo desde la poesía. Si la poesía transforma la ley impuesta del lenguaje para crear el suyo propio y original, con la música y la pintura realizaremos lo mismo; porque la poesía hace con los conceptos lo mismo que el arte visual o sonoro con lo sensible: «Desordena para ordenar». Así, la creación se vuelve compresión. Por eso la poética puede implicar la máxima forma de inmersión conocedora, frente al distante entendimiento racional. La razón sólo comprende por la desarticulación de los elementos para analizarlos, pero en cambio la creación puede realizar lo mismo de manera profunda al enfrentarse directamente con el material y experimentar de lleno sus componentes. Mediante este procedimiento la creación es completa y complementaria al proceder tanto intuitivo como deductivo. El entendimiento y la razón aunque puedan proceder también desde ambos métodos, siempre en su investigación tenderán a priorizar lo deductivo, ya que el contacto con lo sensible estudiado se plantea desde lo superficial (lo reflexiona y por tanto lo refleja) y por ello en su distancia tendrá que deducirlo de sus propias ideas generadas, no de su contacto real con la materia. Por el contrario, las cualidades propias de la creación artística pero completamente desterradas de la investigación, se convierten en definitorias de los enfoques basados en las artes. Un informe de investigación [basado en las artes y no en los ordinarios postulados científicos] puede ser evocativo, imaginativo, expresivo, empático y metafórico, y puede estar escrito de manera que no haya un significado exactamente literal de los resultados porque lo que se busca es provocar una nueva experiencia, una nueva forma de experimentar y de comprender el problema[8].

TEMA 1º: PARALELISMOS Y COMPARACIONES ENTRE COMPOSITORES Y PINTORES

Compositores y pintores han colaborado a lo largo de la historia creando interesantes sinergias provocadas muchas veces por la amistad, el respeto o la admiración que ambos mutuamente se profesaban. De esta manera se pueden crear resultados sinceros y atrevidos, que a veces no encontramos o son frustrados por otro tipo de colaboraciones, ya sean motivadas por encargos, presiones económicas, políticas, etc. Los paralelismos y comparaciones entre Picasso y Stravinsky son muy famosas, no sólo por los variados y notables retratos que el primero hizo del segundo[9] o porque el compositor escribiera en 1917 una obra titulada Pour Pablo Picasso[10] (basada en el modo frigio de Mi, muy habitual en el flamenco entre otras cosas al ser también la nota más grave de la guitarra); sino más bien y no de forma anecdótica, por las conexiones y similitudes que ambos artistas poseen en referencia a sus poéticas. La más destacada es que ambos son grandes revolucionarios del arte moderno (en los inicios del siglo XX) por la gran variedad y excelencia en el uso de muchos estilos, a veces simultáneamente y generados por su continua investigación formal a lo largo de su carrera. Picasso «a su manera» explora el realismo, novecentismo, fauvismo, cubismo, expresionismo, (neo)clasicismo, surrealismo, etc. Stravinsky hace lo mismo que el anterior pero desde la música y sus estilos propios, partiendo de la música nacionalista rusa (siendo discípulo de Rimski-Kórsakov), pasa por las influencias más modernas y también rusas de Scriabin (por ejemplo en El pájaro de fuego), el «primitivismo» (La consagración de la primavera), el exotismo (Three Japanese Lyrics), el jazz (Piano-Rag-Music) y dentro del llamado neoclasicismo que suele fijarse con la composición de Pulcinella (neobarroca) otros «neos» se suceden rápidamente; como neo-religiosidad o neo-modalismo (por ejemplo el Pater Noster o la Sinfonía de los Salmos), el propiamente neo-clasicismo a lo Gluck o Mozart (en Apollo), el neo-romanticismo a lo Chaikovski (Le Baiser de la fée), etc. hasta terminar con el dodecafonismo e incluso el serialismo de posguerra. Justamente la convivencia (podríamos decir «progresiva y armónica») de este inmenso repertorio estilístico caracteriza a ambos artistas que innegablemente (y aunque pudiera parecer lo contrario) poseen en todas sus obras una huella muy personal e inconfundible. Hay que señalar también el gran interés de ambos por la compleja y meditada composición formal. Sea por la multiplicación de planos y puntos de vista en Picasso (por herencia de Cézanne y el cubismo), sea en Stravinsky por la construcción de estratos y bloques sonoros (algo poco común en la música centroeuropea tendente al desarrollismo orgánico ejemplificado en Beethoven y sus herederos).

Otra de las comparaciones famosas entre pintor y compositor es la de Kandinsky y Schönberg. Citaremos al compositor Tomás Marco (que su música inspirará la pintura de Joaquim Michavila): Significan una pareja tan vital para el desarrollo de las artes al principio del siglo XX como la que protagonizaron Stravinsky y Picasso y, aunque no colaboraron juntos en la medida que lo hicieron aquellos, en cambio su intercambio de ideas es más constante. Schönberg y Kandinsky se relacionaron bastante en los primeros años del siglo y su correspondencia abarca, por ambas partes, temas de pintura y música. Por esa época, Schönberg pintaba con regularidad y hasta se planteaba seguir una carrera como artista plástico que luego fue incompatible con su actividad musical. En cualquier caso, lo que el abstracto representa en Kandisnky corresponde a la atonalidad schönbergiana. Y subrayaremos que es en esos momentos anteriores a la Primera Guerra cuando ambos van a dar el salto y lo van a hacer desde una estética expresionista. Todo lo anterior creo que ayuda a entender mejor cómo aparece la atonalidad en la música centroeuropea y por qué lo hace precisamente en el momento en que lo hace. Los estudios sobre las artes y sobre las ciencias suelen estar lo suficientemente compartimentados como para que no se obtenga muchas veces una perspectiva general[11]. En estas últimas palabras citadas resaltamos otra vez lo importante de lo interdisciplinar que fundamenta también nuestro texto.

Sin ser tan fructíferas y evidentes como las anteriores parejas de artistas, podemos destacar otras colaboraciones ahora más esporádicas entre Victor Hartman y Mussorgky (Cuadros de una exposición), Robert Rauschenberg y John Cage, quien confesará de manera sincera y honesta que su famosa pieza 4’33» se basó en las White painting (three panel) del primero. Ambas obras exploradoras del silencio tanto sonoro como visual. También el uso del collage y assemblage de Rauschenberg es también una característica común en algunas de las piezas de Cage, que mezclan muchos lenguajes y disciplinas a la vez (por ejemplo, en Music Circus). En un texto de Cage titulado Sobre Robert Rauschenberg, artista, y su obra, de manera muy original y literaria habla de éste y cómo le influye en su trabajo sonoro. Comprobaremos aquí otra vez más la potencia de la interdisciplinariedad, en este caso desde la literatura hacia las artes visuales y sonoras. Creando un texto que supuestamente parte de un planteamiento (eso parece indicar el título) caracterizado por recurrir a un lenguaje científico y explicativo, pero, por el contrario, aquí el lenguaje usado es más bien artístico, expresivo y metafórico. Citemos extensamente el inicio del artículo (respetando en lo posible su forma en párrafos separados):

La conversación era difícil y la correspondencia prácticamente cesó. (No a causa del correo, que continuó). La gente hablaba de mensajes, quizás porque no había oído noticias los unos de los otros durante mucho tiempo. El arte floreció.

La cabra. No hay maleza. Virtuosismo fácil. ¿Tiene una cama en la cabeza? Belleza. Sus manos y pies, sus dedos de largas articulaciones, son asombrosos. Certifican su trabajo. Y la firma no se ve por ninguna parte. Las pinturas se tiraron al río después de la exposición. ¿Cuál es la naturaleza del Arte cuando éste llega al Mar?

La belleza está bajo nuestros pies dondequiera que nos molestemos en mirar. (Esto es un descubrimiento norteamericano). ¿Cada mirada de Rauschenberg es una idea? Más bien es un entretenimiento con el que celebrar la falta de fijación. ¿Por qué hizo pinturas negras, luego blancas (viniendo como venía del Sur), rojas, doradas (las doradas eran regalos de Navidad), otras multicolores, otras con objetos pegados? ¿Por qué hizo esculturas con rocas suspendidas? ¿Tenía talento?

Sé que puso pintura en las ruedas. Y desenrolló el papel en la calle. ¿Pero quién de nosotros condujo el coche?[12]

El pintor Emilio Vedova y el compositor Luigi Nono realizaron también varios proyectos juntos, por ejemplo, Vedova realizó la escenografía de la «ópera» de Nono Intolleranza 1960. Por otra parte, la gestualidad de la pintura de Vedova tal vez puede extrapolarse a la expresividad sonora de la pieza electrónica de Nono Omaggio a Emilio Vedova. El compositor norteamericano Morton Feldman, influenciado por el expresionismo abstracto, amigo y conocedor de varios de sus protagonistas como Pollock, Rothko, Franz Kline, Willem de Kooning y Philip Guston (a los que dedica alguna de sus composiciones como puede leerse en varios títulos de ellas), decía: La nueva pintura me hizo desear un mundo sonoro, más directo, más inmediato, más físico que todo lo que existía anteriormente. Para mí, mi partitura es mi tela, mi espacio. Lo que intento es sensibilizar esta zona, este espacio-tiempo[13]. Feldman es un caso único en referencia a la colaboración e influencia de primera mano entre pintura y música. Satie también lo es, pero a diferencia del anterior en donde resulta evidente la influencia pictórica y sus similitudes formales, la gran originalidad del último hace que no pueda emparentarse fácilmente con alguna de las estéticas de los pintores con los que colaboró o tenía alguna relación amistosa; por ejemplo con Pablo Picasso, Fernand Léger, Francis Picabia, Ramón Casas, Santiago Rusiñol, Jean Cocteau (que además de escritor y cineasta, también era un notable pintor y dibujante), etc. En definitiva, la peculiaridad de la música de Satie es que podemos encontrar un poco de cubismo, de dadaísmo, de surrealismo, etc. pero siempre en «pequeñas cantidades» y asimiladas a un estilo muy personal y único, que hacen que sus paralelismos no resulten tan obvios de remarcar como los anteriores. Aún así, su sentido de lo visual y el dejarse influenciar por estos artistas, es evidente y entre otras cosas hacen de sus cuidadas partituras manuscritas preciosos objetos gráficos, y que Man Ray lo calificase como el único músico con ojos[14].

Hemos citado anteriormente casos donde los autores generalmente se conocieron, colaboraron y sus respectivas artes comparten estéticas similares (al menos en algunas de sus obras, con la genial excepción de Satie). También hay casos entre pintores y compositores conocidos entre sí pero que para nosotros sus estéticas no acaban de ser similares o incluso son opuestas, y por tanto no son transferibles de una disciplina a otra. Por ejemplo, que Pierre-Auguste Renoir conociera a Wagner (y le retratara en una pintura suya) no resulta que el impresionismo del primero sea idéntico al extremo romanticismo del segundo (por mucho que algunos pequeños compases de Wagner pudiesen «sonar sensualistas o impresionistas» y que luego influyesen en la música de un compositor verdaderamente impresionista como Debussy, también muy influido por el simbolismo). El retrato pictórico era habitual, por eso Courbet retrató a Berlioz (nada más dispar y contrario que el habitual realismo humilde del primero, comparado con el ampuloso y a veces pomposo romanticismo del segundo), Ingres a Liszt, Delacroix a Chopin, etc. Existen también algunos ejemplos en que la misma persona se desenvuelve notablemente y profundiza tanto en la pintura como en la música, son el caso de los futuristas Luigi Russolo y Carlo Carrà; Schönberg también podría incluirse aquí. Nuestro propósito no es realizar un texto extenso y detallado, pero, aunque nuestras frases sean breves y concisas, no pretendemos simplificar la realidad e intentamos señalar su complejidad y contradicción. Por ello nuestra intención no es caer (como a veces hacen los estudios historiográficos) en fáciles dualismos o relaciones mecánicas de causa-efecto, aún sabiendo que una exposición breve y resumida puede motivar este pensamiento.

Ya en la música contemporánea de nuestros días podemos destacar la relación entre el pintor Pablo Palazuelo y el compositor José María Sánchez-Verdú, como también Sean Scully y Mauricio Sotelo[15]. También el compositor Raphaël Cendo toma para su música saturada la violencia azarosa y gestual de la pintura de Jackson Pollock y del expresionismo abstracto, por ejemplo, en su obra titulada no casualmente Action Painting. Hèctor Parra en numerosas composiciones realiza aproximaciones interdisciplinares entre música y pintura como en Constellations. D’après les 23 constellations de Joan Miró o Cos de matèria –Antoni Tàpies in memoriam / Cinq études d’art, Nº 1.

Nos atrevemos a realizar nuevos paralelismos que no hemos leído en ningún lugar y los involucrados no se conocían mutuamente. Somos conscientes de la generalidad y a veces arbitrariedad de este tipo de conexiones, aún así, brevemente explicaremos nuestras razones del porqué asociar unos artistas con otros y potenciaremos lo interdisciplinar y lo metafórico. El pintor flamenco Jan van Eyck y el compositor algo posterior y franco-flamenco Josquin des Prez pertenecen a una «generación de transición» entre la baja edad media y el primer renacimiento. Por eso en los cuadros de Van Eyck podemos encontrar rasgos de la compleja y algebraica estética del gótico, pero a su vez otras características que anuncian un nuevo realismo y sensualismo humanista típico del renacimiento (y heredero del pensamiento greco-latino). Lo mismo que en Josquin des Prez, quien posee composiciones extremadamente complejas y matemáticas, basadas en las reglas del contrapunto estricto (por ejemplo su canon a 24 voces Qui habitat), y a su vez es uno de los inauguradores del renacimiento musical, mucho más terrenal y sensual al contener nuevas armonías simples y fáciles de percibir, escogidas y basadas directamente en las sensaciones placenteras del oído; todo lo contrario de las racionales y abstractas construcciones proporcionales o matemáticas típicas de la vieja escolástica medieval. Otra pareja de artistas que también se puede relacionar y se sitúan en otro período de transición son Caravaggio y Gesualdo, pero en este caso el momento histórico es el que va del renacimiento al barroco y que suele llamarse manierismo. Del manierismo pictórico se habla muy a menudo, pero no del manierismo musical que, aunque no sea tan relevante como el anterior, sí que existe. Ambos artistas italianos y nacidos con 5 años de diferencia producen una distorsión en el canon clásico predominante en su época, para iniciar en cierta manera el siguiente estilo (el barroco) e incluso avanzarse a la modernidad. De Caravaggio se ha dicho que lo que, después del Renacimiento, comienza con Caravaggio es simplemente la pintura moderna[16] y Gesualdo con su extremo cromatismo se suele decir que avanza a Wagner y a su Tristán e Isolda. Frente a la pintura y música renacentista de belleza clásica, simétrica y armónica, ambos artistas introducen una novedad formal que distorsiona este equilibrio para potenciar la tensión y el movimiento. Caravaggio lo realiza mediante el claroscuro extremo, el uso de composiciones en diagonal, personajes en movimientos tensos y fondos negros que eliminan toda sensación de profundidad para resaltar la artificialidad y convencionalidad representativa. Gesualdo mediante las disonancias y cromatismo exacerbado nunca antes explorado hasta ese momento, también el ocasional uso de textos que explicitan el dolor (siendo un perfecto ejemplo su obra Moro, lasso, al mio duolo) y la música descriptiva (a la manera del madrigal) que pretende imitar esta sensación. Incluso hay paralelismos en un aspecto sorprendente y muy particular de sus biografías, ambos artistas además de su arte, también practicaron el asesinato…

Dando un salto temporal, podemos comparar al desconocido pero muy loable compositor y organista Charles Tournemire con el pintor Georges Rouault, ambos franceses y fervientes católicos nacidos con un año de diferencia. El primero con su Magnum opus L’orgue mystique realiza una síntesis muy interesante entre música religiosa (basada muchas veces en melodías del canto gregoriano) y lenguajes musicales modernos. Por otro lado, Rouault realiza algo similar en su pintura, también muy mística y basada en una iconografía religiosa clásica, pero de una factura moderna en estilo expresionista. Para terminar en los paralelismos y comparaciones entre artistas, dos ejemplos muy relevantes de la vanguardia centroeuropea son el compositor Anton Webern y el pintor Paul Klee, nacidos con 4 años de diferencia y quienes se caracterizan por crear obras muy concisas, formalmente muy pensadas, de pequeñas dimensiones (tanto espaciales como temporales), geometrizantes y tendentes a la abstracción matemática.

TEMA 2º: LA SINESTESIA, UNIÓN DE COLOR Y SONIDO

La sinestesia es un tema muy conocido, uniendo sin igual lo sonoro y lo visual u otros sentidos. La podemos definir de manera general como la estimulación indirecta de un sentido. En ocasiones, ante la ambigüedad de determinadas sensaciones, el sistema perceptivo debe optar entre dos o más hipótesis perceptivas, como cuando se plantea el texto como imagen o como sonido, o al mostrar una imagen como texto o como percepción auditiva. En esos casos tiene lugar en el receptor un proceso interno en el que los seis sentidos (incluimos el pensamiento como un sexto sentido) dudan entre un tipo de percepción u otra[17]. Varios compositores se han declarado sinestésicos asociando a un sonido particular un color fijo, como Rimski-Kórsakov, Scriabin, Messiaen, Sánchez-Verdú, etc. Pero la idea de la sinestesia también puede influir en pintores, como en Joaquim Michavila. Albert Forment explica sobre su pintura: no se trata de trasponer mediante notación la música en pintura, sino de una especulación abstracta a partir de un juego reverberante de sensaciones sinestésicas[18]. Especial interés tiene por su recorrido histórico la obra teatral de Kandinsky Der gelbe Klang que podemos traducir «sinestésicamente» por El sonido amarillo. Es sabido por todos que este pintor sin la música «no hubiera alcanzado» la abstracción pictórica. Además, admiró especialmente la música de Wagner que, con su concepto de obra de arte total, no hace más que apuntar hacia la relación sinestésica e interdisciplinar. Que los primeros ejemplos de obras abstractas realizadas por Kandinsky sean titulados Composiciones e Improvisaciones, no hace más que reforzar la unión entre música y pintura. La viuda del artista ofreció al pintor Pablo Palazuelo trabajar en los decorados para Der gelbe Klang, a raíz de la obtención del Premio Kandinsky, pero éste al final no realizó esta tarea. Como explica Alfonso de la Torre, especialista y creador del Catálogo Razonado de este pintor: Fallecido Kandinsky en 1944, el encuentro de Nina [su esposa] con Palazuelo pudo suceder a finales de 1953, fecha en la que se le concede a Palazuelo el Premio Kandinsky correspondiente a 1952, tiempos en los que, a su vez, Madame Kandinsky le encarga que estudie los decorados, finalmente frustrados, de la pieza de Kandinsky «Sonorité jaune». Así lo explica Palazuelo: «al visitar su casa pude ver que su biblioteca contenía obras de teosofía y otras obras sobre la correspondencia de los colores con los sonidos»[19]. Palazuelo fue un pintor también muy influenciado por la música y un gran wagneriano, como demuestran estas palabras suyas: Wagner, con su marea sonora e interminable, me producía un efecto catártico. Además de Wagner, prefiero la música barroca, la música que hoy se denomina repetitiva y las grandes nubes sonoras de Xenakis[20]. La pieza Der gelbe Klang se ha musicalizado en diversas ocasiones destacando para nosotros la partitura realizada por Alfred Schnittke.

Las relaciones sinestésica de sonidos y colores mediante proyecciones o el uso de teclados sonoro-visuales es una de las características de algunas obras de Scriabin (como el Prometheus) y la obra de Schönberg Die glückliche Hand. Este compositor en el tercer movimiento titulado Farben (colores) dentro sus Cinco piezas para orquesta op.16 ejemplifica su concepto de la Klangfarbemelodie (klang = sonido / farbe = colores / melodie = melodía); al sostener un mismo acorde estático (es decir las mismas notas) pero que «cambia» mediante la intervención de diversos instrumentos, provocando que en una continua transición aparezcan y desaparezcan varios timbres (parámetro sonoro que es caracterizado por ser su «color»).

TEMA 3º: EL SILENCIO SONORO-VISUAL Y LA ACUSMÁTICA

El silencio musical si nos parece evidente, no lo resulta tanto a nivel visual. Este concepto tan profundo, metafórico y que parece mostrar y reflexionar sobre los límites que nos rodean, podemos entenderlo de múltiples maneras. Además, nos sirve de punto de unión entre música-pintura; ya lo hemos hecho anteriormente al relacionar la «silenciosa» obra de Cage 4’33» con la White painting (three panel) de Rauschenberg. El blanco y lo vacío que caracterizan estas pinturas, nos dan una idea de lo ambiguo y complejo de la idea de silencio. Para ello nos podemos referir a un antecedente claro de esta pintura, citando la excelente tesis doctoral de Rocío Garriga donde profundiza sobre este tema: El deseo de Malévich fue crear un lenguaje puro. Buscó, según él dijo, liberar a la pintura de toda sujeción, y para ello fue preciso el abandono de lo figurativo. Hacia 1913 llevó a la práctica sus ideas en el dibujo Cuadrado negro, y en 1915 pintaría su Cuadrado negro sobre fondo blanco, una obra que, de acuerdo con la interpretación de Gérard Wajcman, se produjo entonces no solo a causa del diálogo que el artista mantenía con su propio lenguaje plástico, sino también como acusación del entorno, pues fue en ese mismo año, cuando se inició la guerra en Rusia: y es que el dar—a—ver propio del arte moderno, hacía—ver lo que, por unos motivos u otros, se prefería olvidar. Su búsqueda del límite culminó con la obra Blanco sobre blanco, en 1918, y a partir de entonces se sintió obligado a abandonar la pintura[21]. Añadamos otras pinturas que pueden mostrar este silencio tan musical y visual a la vez, como las Achrome de Piero Manzoni, Abstract Painting de Ad Reinhardt, algunas pinturas de Lucio Fontana, Yves Klein, Robert Ryman (quien casi toda su producción pictórica se basa en una abstracción blanca), Barnett Newman, Rothko, etc. No es casualidad que Morton Feldman basándose en los artistas citados, en muchas de sus composiciones produce para su música una sonoridad constante y orgánica en dinámicas muy suaves y con un tempo lento, que invitan a bordear el silencio. Esto también puede tener un interesante ejemplo en algunas obras de Michavila, casi siempre serenas y reposadas (como en sus diversos cuadros basados en lagos y pinturas del Albufera) que al contemplarlas nos ayudan a entrar en un espacio tendente a explorar el vacío. Esto no ocurre en la obra de Gómez García (a excepción tal vez de su cuadro València, abstracción lírica y algún sereno paisaje y bodegón), ya que es mucho más nerviosa y agitada, tendente al horror vacui y por ello, algo más ruidosa y antitética a la de Michavila. No obstante, para nosotros ambos pintores y sus obras puestas una al lado del otro se complementan muy bien, dado que se equilibran en su musicalidad y consiguen un buen balance entre la violencia contenida y el silencio expandido. Los dos utilizan profusamente la abstracción donde se puede explorar más las conexiones con lo musical, dado que la música es por esencia abstracta. Contrariamente, por ello la pintura figurativa no se deja «tan bien inspirar por ella». En referencia a esto citamos las interesantes palabras de Nancy: Distintas serían las cosas entre la vista o la visión y la mirada, la mira o la contemplación del filósofo: figura e idea, teatro y teoría, espectáculo y especulación concuerdan mejor, se superponen e incluso se sustituyen con más conveniencia de lo que pueden hacerlo lo audible y lo inteligible o lo sonoro y lo lógico. Habría, al menos de manera tendencial, más isomorfismo entre lo visual y lo conceptual, aunque sólo fuera en virtud de que la morphe, la «forma» implicada en la idea de «isomorfismo», se piensa o se aprehende desde el comienzo en el orden visual. Lo sonoro, al contrario, arrebata la forma. No la disuelve; más bien la ensancha, le da una amplitud, un espesor y una vibración o una ondulación a la que el dibujo nunca hace otra cosa que aproximarse. Lo visual persiste aún en su desvanecimiento, lo sonoro aparece y se desvanece aun en su permanencia[22].

El silencio musical y visual también puede ejemplificarse en el concepto de acusmática. Como Pitágoras decía: En él no solo encontramos un antecedente para la música callada haciendo referencia al silencio absoluto donde habita el Uno, sino que además practicó el hermetismo y la soledad que hermanaban secreto y silencio. «Sabemos, gracias a escritores como Aulo Gelio, Jámblico o el propio Porfirio, que antes de admitir a sus discípulos, Pitágoras los examinaba detenidamente, incluso atendía a los detalles de su fisonomía, los iniciaba en la música, la astronomía, la poesía y las artes de la curación, y, una vez aceptados en la comunidad, los sometía a un período de silencio que podía durar un lustro. Durante ese tiempo les conminaba a escuchar, solo escuchar. Eran los llamados «acusmáticos», los cuales, una vez obtenido el conocimiento, podían preguntar, escribir, expresar su pensamiento, de modo que por esta vía conseguían el rango de filósofos o mathematikoi«[23]. La acusmática es un concepto muy importante para entender y clasificar la música electroacústica, esa música que se produce sin personas e instrumentos que la ejecuten (si exceptuamos el altavoz), funcionando por ella misma en la abstracción. El concepto de música callada es también el título de unas famosas piezas para el piano de Mompou.

LA MUSICALIDAD EN LA PINTURA DE VICENTE GÓMEZ GARCÍA

Nos centraremos ahora en la interacción música-pintura de Gómez García, para ello otra vez más recurriremos al ejemplar modelo de Kandinsky en referencia a su libro Punto y línea sobre el plano, donde el autor dejó escrito en esta obra que el punto es la mínima forma temporal y analiza la dicotomía existente entre tiempo y pintura: Hace algunos años se comenzó a demoler, también aquí, un muro. Este muro había separado hasta ahora dos campos del arte: el de la pintura y el de la música. En ese mismo año, en 1926, nació Vicente Gómez, apasionado amante de la música, por demás[24]. La interdisciplinariedad en Gómez García resulta compleja dada la gran abundancia de su obra en perpetuo cambio de estilo y renovación formal acelerada. Ello provoca que los patrones, las marcas o rasgos característicos de un artista, se tornen superfluos para analizar a Vicente Gómez. En la superficie de sus obras no se detecta fácilmente un rasgo común, lo que provoca una sensación de extrañamiento y resalta su dificultad de lectura conjunta. Para poder encontrar un elemento que las englobe tenemos que centrarnos en los elementos meta-superficiales, es decir, los estructurales. Siendo la geometría el vertebrador sin igual de toda su producción, rasgo que sin duda lo emparenta muy estrechamente con la música, que también se presta a ser reducida a lo geométrico-matemático. Esta característica fomenta dos planos de análisis para comprender las obras de Vicente Gómez. Un primer plano basado en las características visibles y mostrables (propio del micro-análisis del detalle), y, por otro lado, un segundo plano más formal, esquemático y profundo (propio del macro-análisis del conjunto). Aproximaciones estas que acercan la pintura de Gómez García al análisis musical, que si quiere ser logrado, necesita siempre crear puentes entre lo particular y lo total (lo micro y lo macro). Añadamos las palabras de Rafael Sánchez Grandía y Pablo B. Sánchez Gómez para resaltar y complementar estas ideas: Si hay un primer rasgo distintivo en la obra de este artista es su tenacidad en la búsqueda de un eclecticismo integrado, armónico, en el que diferentes tendencias o escuelas pictóricas no solamente coexistieran, sino que se potenciasen mutuamente desde, o a través de, una perspectiva más amplia. Así pues, este es un primer elemento inquietante, disruptivo. Vicente Gómez utiliza la geometría desde otra perspectiva, o con otro interés, del que le es otorgado primigeniamente por su propia naturaleza abstracta. ¿Pero podemos ser capaces de definir esa otra perspectiva desde la contemplación, o análisis, de su obra? No, evidentemente, no. Las palabras, las ideas, nunca pueden definir una obra de arte. Así pues, tan solo nos va a ser permitido, intentando recurrir a todos los lenguajes que nos puedan ser conocidos […] Nos fijaremos en determinados aspectos y los desarrollaremos desde la visión más ecléctica que nos sea posible; tal vez de esta forma lleguemos a acercarnos a describir o recrear la obra de este artista[25]. Otra vez más resaltamos esta aproximación interdisciplinar y multidisciplinar para acercarnos a los artistas que nos despiertan y permiten este tipo de aproximaciones.

La relación de Vicente Gómez con la música va desde lo biográfico hasta su actividad diaria: Trabajaba habitualmente con música. Era una de sus pasiones, su padre fue afinador y tal vez la pasión de la música le venía por ahí. No sabría decirte una pieza favorita, pero sí varios compositores […]: Vivaldi, Haendel, Albinoni, Mozart, Beethoven, Mendelsshon, Schubert, Chopin, Schumann, Smetana, Liszt, Brahms, Dvořák, Chaikovski, Debussy, Falla, Cristóbal Halffter… entre otros[26] . Vicente Gómez fue fundador y miembro del grupo valenciano Los Siete, formado inicialmente por los (siete) artistas Juan Genovés, Vicente Castellano, Vicente Fillol, Juan Bautista Llorens, Ricardo Hueso y José Masiá, posteriormente, tras retirarse Masià, Fillol y Genovés, se incorporaron respectivamente Joaquín Michavila, Ángeles Ballester y Eusebio Sempere. Fue por mediación de Michavila donde en las exposiciones que realizaban Los Siete, la música dialogaba interdisciplinarmente con la creación plástica. Citemos a Felip González Martínez, quien en su tesis doctoral trata extensamente sobre esta agrupación: Michavila fue el responsable de conseguir que numerosas inauguraciones fueran presididas por conciertos de música de cámara. Este artista mantuvo un buen contacto con el Conservatorio y, muchas veces, consiguió llevar a profesores o alumnos a las dos salas de arte del grupo[27]. Y con esta cita y señalados ya algunos apuntes rápidos sobre la relación entre la música y Vicente Gómez, pasaremos a realizar lo mismo ahora con su amigo Joaquim Michavila, para luego centrarnos en la interacción de ambos y su «sonido resultante».

LA MUSICALIDAD EN LA PINTURA DE JOAQUÍN MICHAVILA

Este pintor sin duda tiene una conexión musical mucho más directa y trabajada que la de Vicente Gómez. Esto se debe a que ha vivido vinculado a ella desde la juventud, participando en corales y orfeones, y ha compartido esta pasión con su esposa desde el principio de su relación[28] [Ana Maria del Carmen Mas fue profesora de piano y canto]. Ello le ha llevado a concebir una extensa serie pictórica expresamente desde la inspiración musical y por ello titulada (no casualmente) Contrapunto, donde podemos destacar el cuadro Tenebre, homenatge a Francesc Llàcer Pla. Sobre esta serie nos cuenta Manuel Muñoz que fue un esfuerzo de grandes dimensiones en el que sobre un fondo negro surgían evocaciones cromáticas vinculadas a elementos inconcretos de la música contemporánea[29]. Para demostrar la gran cantidad de autores conocidos y que le interesaron a Michavila, nos remitimos a la publicación de esta en un catálogo[30] y citamos una parte de la extensa conversación que mantuvo con el historiador Albert Forment; especialista en Michavila y también en otro valenciano (que aprovechamos para reivindicar y dar a conocer aquí), llamado Josep Renau:

―Sobre esta relación de pintura y música, ¿a qué tipo de música te refieres exactamente? porque tú has comentado con frecuencia la influencia de Bartók, por ejemplo.

―Yo quiero mucho a Bartók porque fue el músico que me introdujo en la música contemporánea, sobre todo en tres de sus obras: el Concierto para la orquesta, los Cuartetos, y también me interesó mucho El Castillo de Barbazul. Su música me abrió las puertas de una nueva estética. Luego escuché las obras de Stockhausen, creo que el cincuenta y ocho o cincuenta y siete. Por cierto, la chica que me lo vendió pensaba que era un disco con defectos de grabación y quería devolverlo a la casa editora. No entendía nada de lo que había grabado. Se trataba de la Canción de los adolescentes. Desde entonces la composición contemporánea me interesa mucho, aunque por aquellos tiempos no la escuchaba con otras intenciones más allá de la curiosidad, y por amar la sensación inquietante de sentir una especie de emoción desconocida, nueva. A partir de Stockhausen entré en este mundo deslumbrante de las bellísimas composiciones del trío vienés, Schönberg, Alban Berg y Webern. Hay un conjunto bastante amplio de músicos contemporáneos que desde hace muchos años me ha interesado: Francisco Llácer, Luis de Pablo, Tomás Marco, Luigi Nono, Varèse, Ferrari, el personalísimo John Cage, Mauricio Ohana. Este tipo de música me provoca y me estimula el pensamiento artístico que de una u otra parte se transfiere a la concepción de la obra pictórica. ¿Cómo se produce? No lo sé. Para mí es un misterio, y creo que lo seguirá siendo[31]. Nos fijamos que en esta lista de nombres citados por Michavila, el primer lugar lo ocupa el compositor valenciano Francisco Llácer, estrecho amigo del pintor con quien colaboró. Reivindicamos a este poco conocido compositor citando el muy detallado y exhaustivo estudio que realiza el compositor Emilio Calandín (entre otros, discípulo de Llácer), que tenemos en nuestra biblioteca personal gracias a Irene Llácer (nieta del compositor) a quien aprovechando estas líneas agradecemos su regalo. Calandín nos cuenta que Llácer tiene natural inclinación hacia la pintura desde antes incluso de comenzar su actividad compositiva. […] Comparte Llácer también años de amistad con el pintor castellonense Joaquín Michavila (1926-2016). Participa en la exposición Antes del Arte en el año 1968, evento que se repetirá en el año 1997[32]. Si citamos esta exposición (en la que también participó Michavila) es porque indagaba en las relaciones de ciencia y arte, tan presentes en este artista como en Gómez García.

Un aspecto remarcable de la musicalidad que transmiten las pinturas de Michavila (más allá de las referencias explícitas como en su serie Contrapunto) es otra musicalidad escondida, sobre todo en su serie de cuadros titulados El llac, que justamente por representar esta tipología espacial (llac se traduce en castellano por lago) potencian una musicalidad horizontal, una música estática, reposada, como serenos paisajes pocas veces tensos. Remarcamos también a otro especialista en el pintor, Pascual Patuel, en referencia a esta «música pintada»: La música -para Michavila- tiene cuatro dimensiones: la lineal, la vertical, la espacial y la temporal. Los dos primeros elementos se corresponden con las dimensiones reales del cuadro. En la dinámica de la creación plástica, obviamente, aparece la dimensión espacial (planos sonoros-planos cromáticos). La integración de estos parámetros y el concepto que rige para ellos determinarán el carácter final de la obra. En cuanto a la dimensión temporal, presentaría dos vertientes: el tiempo real de duración y el concepto temporal que emerge de la sensibilidad del ser humano como consecuencia vivencial de la misma[33].

Muchos cuadros de Michavila se construyen entre un paisaje y su reflejo que ocupa la mayoría del lienzo. Parece hacernos dudar si es el reflejo lo que construye «lo real», y no a la inversa como es habitual pensar. Su interés está en la «musicalidad ondular» del agua que diluye la figuración del paisaje para convertirla en pura abstracción. Es como si de un sonido se descompusiera y analizara desde todos los componentes de su espectro (timbre, frecuencia, dinámica, etc.), para potenciar y trabajar sus parámetros aisladamente, al estilo de la música espectral de Gérard Grisey o Tristan Murail. No obstante, esta paradoja y dialéctica entre lo real y su reflejo (e «ilusión») no son dos cosas separadas, sino que pueden ser concebidas como un todo homogéneo (al estilo de la Gestalt). Así, este «acordar del acorde» entre lo que refleja y el reflejo se puede comparar con el «acorde musical» que es percibido como una unidad total, pero a su vez está formado por múltiples y diversos sonidos relacionados conjuntamente y en armonía. Por un lado, cuando Michavila alcanza la plena abstracción, el reflejo ya no refleja nada, es pura creación libre de color y forma, por tanto, el «acorde se rompe y disuelve» (como en su otra serie «musical» Variacions al voltant de la Diagonal). Por otro lado, en un símil relacionado con la música tonal, las notas del acorde ya no crearían un modelo tipificado dentro de la tonalidad (acorde dominante, tónica, subdominante), sino un acorde atonal y complejo ya no reductible a ninguna tipología estándar, sino siempre original en su misma configuración, como la abstracción que sólo remite a ella misma, no a una representación figurativa (paisaje, lago, casa, etc.). Tonal, atonal y espectral, parecen ser los símiles y modalidades musicales por los que la pintura de Michavila transcurre. Finalicemos este apartado en referencia a lo anterior con las palabras de Román de la Calle: Hablábamos de una creatividad bifronte, que ha tenido quizás en el diálogo interdisciplinar —que su pintura plantea— sus más emblemáticas manifestaciones. Ya, por nuestro lado, hemos intentado matizar esos juegos interdisciplinares, refiriéndonos más arriba, al principio de nuestras líneas, a dos fórmulas emblemáticas que la historia de la reflexión estética hábilmente ha consagrado. Se trata del ut poesis pictura, para correlacionar la fuerza de la poesía como contrapunto paradigmático del ejercicio de la pintura y del ut musice pictura, para parangonar el atractivo que la música ha ejercido asimismo, como modelo de construcción artística, para la pintura. Dos enfoques, dos modelos de actuación, dos planteamientos estéticos, dos fórmulas, al fin y al cabo, que, sin duda, han influido y diversificado sus resultados, sobre todo, en la historia de la pintura contemporánea.[34].

INTERACCIONES ENTRE JOAQUIM MICHAVILA Y VICENTE GÓMEZ GARCÍA

Si hemos estado durante todo el texto relacionando dos disciplinas artísticas (la música y la pintura), ahora duplicaremos esta relación descubriendo las similitudes músico-pictóricas entre ambos artistas tratados. Un concepto clave estructura parte de la producción pictórica de Gómez García y Michavila, este concepto, es el de la serie. Este suele implicar un ordenamiento racional y matemático de diversos elementos que generan y se conciben como un meditado conjunto. La serie a su vez es clave para entender la música de vanguardia, desde la serie dodecafónica de Schönberg y sus discípulos, hasta la serialidad integral de todos los parámetros musicales desarrollado por ejemplo, por los compositores de la escuela de Darmstadt (Stockhausen, Boulez, Nono, etc.). La serie en Michavila la encontramos en los diversos grupos de pinturas nombradas: Contrapunto, El llac y Variacions al voltant de la Diagonal. En Gómez García se ejemplifica de forma más consciente y radical en sus tres series de Abstracción geométrica. Si relacionamos ambos pintores, no es por pura casualidad o azar, sino más bien porque ambos fueron amigos durante varias décadas y podemos establecer varias conexiones entre su trabajo; aunque sin ninguna duda la proyección y reconocimiento de ambos artistas es muy desigual, debido a que cada uno tenía una personalidad diferente y antitética aproximación a su entorno social. Por ello Michavila describe así a su compañero que, refugiándose en la eterna y silenciosa soledad, se aleja del mundanal y artificioso ruido social: Alguien dijo que la automarginación es un signo de talento y, ciertamente, la renuncia consciente a participar en el fluctuante acontecer social del complejo mundo de la expresión pictórica, requiere una fuerte capacidad de aislamiento y profundas convicciones respecto a lo que es esencial en el quehacer artístico. Es evidente que esta actitud vital responde al afianzamiento en la conciencia de una austera condición ética que conlleva irremediablemente la confrontación entre actitudes tipificadas –cuando no mitificadas–, y aquello que implica una conducta en la que el problema de la creatividad se mantiene restringida a permanente e implacable evaluación crítica. Para un pintor íntegro como Vicente Gómez, la opción ante la encrucijada no pudo ser otra que la renuncia, el enclaustramiento en su taller y el trabajo solitario[35].

Si comentábamos la serie, otro elemento que puede relacionarse con ella es la matematización de la realidad y su reducción geométrica. Michavila esto lo destaca en algunos cuadros como L’alqueria, reduciendo los elementos a cuadrados y formas simples. La reducción a geometría también puede encontrarse en los cuadros de Vicente Gómez como por ejemplo, en Puerto de Valencia con cuadrícula cromática o Fragmento de la ciudad (abstracción geométrica). Esta forma de «componer» un cuadro, nos recuerda mucho a la música del serialista Webern, quien a diferencia de su maestro Schönberg (quien aún arrastra ciertos componentes de la estética romántica), su pensamiento serial es mucho más radical y parece reducir todos los sonidos a puntos aislados como retículas en el espacio-tiempo musical (por eso el auténtico referente del serialismo integral de posguerra no fue Schönberg, sino Webern). Por el contrario, otros cuadros de ambos pintores rechazan esta matematización para abrir el espacio a una factura gestual y orgánica, que nos recuerda un conjunto de sonidos aleatorios al estilo de la música basada en el pleno azar de John Cage, o en una azar controlado y dirigido como por ejemplo el de algunas obras de Cristóbal Halffter o Witold Lutosławski. Esto para nosotros se puede ejemplificar con la obra de Vicente Gómez València, abstracción de manchas y goteo y en Michavila otras obras referidas al lago.

El múltiple nerviosismo del trazo y su enrevesada organización arabesca nos recuerda a ciertas técnicas de la música contemporánea como son la microtonalidad del compositor Scelsi (en Quattro pezzi su una nota sola) y la micropolifonía de Ligeti (en Ramifications o Continuum). Estos trabajan el sonido microscópicamente aumentando el material ordinario y de esa manera se consigue una mayor riqueza en los matices, que se tornan elementos autónomos y dignos de ser elaborados por ellos mismos. El trabajo radical con la textura musical como en Xenakis (Metastasis) o Penderecki (Threnody for the victims of Hiroshima) y la potenciación y diferenciación del espacio sonoro como en Stockhausen (Gruppen) y Luigi Nono (Caminantes… Ayacucho), nos remite otra vez, a las similitudes que se puede encontrar en el trabajo plástico de los pintores. No es casual que el término textura sea común tanto en las artes visuales como en las sonoras. La textura para las primeras suele entenderse por la cualidad inherente de la superficie visual (rugosa, matérica, lisa, etc.); mientras en las segundas, la textura se caracteriza por la disposición y distribución de los sonidos y sus capas, por ejemplo, una textura contrapuntística, homófona, heterófono, polifónica, por bloques, etc., pero también es común decir una textura brillante, agitada, estridente, etc., cualidades todas que también son traspasables a las artes visuales. Por otro lado, la conquista del espacio en lo pictórico, mediante su «plasticidad exagerada» es una característica tanto de Michavila como de Gómez García, ya que ambos crearon sus propias «esculturas» pero que no renuncian a su «pictoricidad». Son ejemplo de Michavila su Necròpoli y Acròpoli, «esculturas que se cuelgan en la pared» y podrían clasificarse también como «cuadros con relieve». Las «pictoesculturas» de Vicente Gómez derivan como su nombre indica de la misma pintura, aunque tengan pedestal y se ubiquen ya fuera de todo muro. Ambos «híbridos», al potenciar su geometricidad, estratificación y construcción espacial, se emparentan estrechamente con la arquitectura (y por qué no, también con la música).

CONCLUSIÓN

Esperemos que los lectores de esta revista especializada en música y arte sonoro, puedan imbuirse también del espíritu pictórico de Joaquim Michavila y Vicente Gómez. Ambos artistas estuvieron fuertemente influenciados por la música, como se «ve y oye» en este artículo que muestra una modesta selección de sus obras; queremos pensar que estas y otras irradiarán e influenciarán a las nuevas generaciones para que se creen obras sonoras (y de otras modalidades) basadas en ellas.

Notas

  1. ^ También conocido por su nombre valenciano Joaquim Michavila o Ximo Michavila
  2. ^ SOURIAU, Étienne. La correspondencia de las artes. México D.F., Fondo de cultura económica, 1986, p. 8.
  3. ^ Ibíd. p. 57.
  4. ^ Véase el siguiente y muy recomendable libro para una profundización sobre este tema: HARVEY, Jonathan. Música e inspiración. Barcelona, GLOBAL RHYTHM PRESS, 2008.
  5. ^ MARTÍNEZ TRUJILLO, Gerardo. La dialéctica del arte. Universidad Autónoma Metropolitana, 2013. p. 8 Disponible en la red: https://www.academia.edu/32992960/La_Dial%C3%A9ctica_del_Arte
  6. ^ DUARTE LOZA, Daniel Martín. Arte indisciplinario. Metal (Nº1), julio 2015 ISSN 2451-6643, p. 26. Disponible en la red: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=6052293
  7. ^ DE LA CALLE, Román. Los contrapuntos de la memoria -la última serie pictórica de XimoMichavila-. En MUÑÓZ IBÁÑEZ, Manuel (dir.). JOAQUIM MICHAVILA. CONTRAPUNTO. València, Institut Alfons el Magnànim. Diputació de València, 1998, p. 29.
  8. ^ MARÍN-VIADEL, Ricardo, & ROLDÁN, Joaquín. A/r/tografía e Investigación Educativa Basada en Artes Visuales en el panorama de las metodologías de investigación en Educación Artística. En Arte, Individuo y Sociedad,Vol. 31 Núm. 4 (2019) Ediciones Complutense, p. 886. Disponible en red: https://doi.org/10.5209/aris.63409
  9. ^ Ver algunos ejemplos y leer más sobre ello en este artículo Picasso: retratos de compositores (3/4): Igor Stravinsky de Rafael Díaz Gómez publicado en Mundoclasico el jueves, 30 de abril de 2020: https://www.mundoclasico.com/articulo/33433/Picasso-retratos-de-compositores-34-Igor-Stravinsky
  10. ^ Puede escucharse y leer la partitura aquí: https://www.youtube.com/watch?v=GqyFj0fBSBo
  11. ^ MARCO, Tomás. Pensamiento musical y siglo XX. Madrid, Sociedad General de Autores y Editores, 2002, pp. 76-77.
  12. ^ CAGE, John. silencio. Madrid, Árdora Ediciones, 2018, p. 98.
  13. ^ https://es.wikipedia.org/wiki/Morton_Feldman
  14. ^ SATIE, Erik. Cuadernos de un mamífero. Edición de Ornella Volta, Madrid, Acantilado, 2011, p. 8.
  15. ^ Para una información muy detallado sobre estos artistas ver: ORDÓÑEZ ESLAVA, Pedro. 2011. La creación musical de Mauricio Sotelo y José María Sánchez-Verdú convergencia interdisciplinar a comienzos del siglo XXI. Universidad de Granada. Disponible en la red: https://digibug.ugr.es/handle/10481/22545
  16. ^ LAMBERT,Gilles. Caravaggio, Madrid, Taschen, 2015, p. 8.
  17. ^ MARÍN SÁNCHEZ,  Eduardo Jesús. La poética del fragmento y del intervalo en la poesía experimental sonora de Bartolomé Ferrando. Tesis doctoral presentada en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Miguel Hernández, 2013, p. 375.
  18. ^ FORMENT, Albert. Vida y obra de Ximo Michavila. En Ximo Michavila 50 anys de pintura, València, Fundación Bancaja, 2002, p. 18.
  19. ^ DE LA TORRE, Alfonso. Pablo Palazuelo. Catálogo Razonado. Madrid, Fundación Azcona, p. 60.
  20. ^ DE LA TORRE, Alfonso. Pablo Palazuelo. París: 13, Rue Saint-Jacques (1948-1968). Cat. exp. Fundación Juan March (Palma de Mallorca y Cuenca) y Museo Oteiza, 2010. p. 210.
  21. ^ GARRIGA INAREJOS, Rocío. El silencio como límite comprensivo, cognitivo y estructural: una lectura estética en torno al arte contemporáneo [Tesis doctoral]. Universitat Politècnica de València, 2015, p. 93. Disponible en la red:  https://doi.org/10.4995/Thesis/10251/55047
  22. ^ NANCY, Jean-Luc. A la escucha. Buenos Aires, Amorrortu, 2015, p. 12.
  23. ^ [En: ANDRÉS, R. 2010. No sufrir compañía: escritos místicos sobre el silencio. Barcelona: Acantilado. Y en: EGIDO, A. 1995. El silencio místico y San Juan de la Cruz. En: VALENTE, J. A., LARA GARRIDO, J. (eds.) 1995. Op. cit., p. 161.] Cita extraída de GARRIGA INAREJOS, Rocío. El silencio como límite comprensivo, cognitivo y estructural: una lectura estética en torno al arte contemporáneo. Op. Cit. p. 290-291.
  24. ^ SÁNCHEZ GRANDÍA, Rafael y SÁNCHEZ GÓMEZ, Pablo B. Espacio, tiempo y lugar: Vicente Gómez y la figuración dinámica. En GÓMEZ LOZANO, Josep-Marí y GÓMEZ ALEMANY, Joan (Coords.). VALENCIA Y LA ABSTRACCIÓN, CONSTRUCCIONES CON GEOMETRÍA Y COLOR. Trayectoria vital y creativa del artista Vicente Gómez García (1926-2012). València, EdictOràlia, 2022, p. 82.
  25. ^ Ibíd., p. 82.
  26. ^ Estas palabras pertenecen a Josep-Marí Gómez Lozano, hijo del artista, citadas en GARRIGA, Rocío. Notas impresas al compás de los paisajes de Vicente Gómez. En GÓMEZ LOZANO, Josep-Marí y GÓMEZ ALEMANY, Joan (Coords.). VALENCIA Y LA ABSTRACCIÓN, CONSTRUCCIONES CON GEOMETRÍA Y COLOR. Trayectoria vital y creativa del artista Vicente Gómez García (1926-2012). Op. cit. p. 109.
  27. ^ GONZÁLEZ MARTÍNEZ, Felip: La incidència de l’agrupació artística d’Els Set (1948-1954) en les primeres petjades de l’art modern valencià del Primer Franquisme, Tesis doctoral presentada en la Universitat Politècnica de València en octubre de 2015, Facultat de Belles Arts (Departament d’Escultura), pp. 238-239. La traducción es nuestra desde el original en valenciano. Tesis disponible en la red: https://riunet.upv.es/handle/10251/61442
  28. ^ PATUEL, Pascual. La senda de l’abstracció. En VV.AA. Materia Reservada. València, Generalitat Valenciana, 2006, p. 88.
  29. ^ MUÑÓZ IBÁÑEZ, Manuel. El llac. En VV.AA. Ximo Michavila 50 anys de pintura. València, Fundación Bancaja, 2002, p. 35.
  30. ^ MUÑÓZ IBÁÑEZ, Manuel (dir.). JOAQUIM MICHAVILA. CONTRAPUNTO. València, Institut Alfons el Magnànim. Diputació de València, 1998, p. 121-123.
  31. ^ FORMENT, Albert. JOAQUIM michavila. CONVERSES AMB UN PINTOR D’AVANTGUARDA. València, Tàndem edicions, 1999, p. 103. El original en valenciano, la traducción es nuestra.
  32. ^ CALANDÍN, Emilio. Compromiso con la modernidad. Obra y estética musical de Francisco Llácer Pla. València, EdictOràlia Llibres i Publicacions i PILES, Editorial de Música, S.A., 2019, p. 118.
  33. ^ VV.AA. Michavila: geometria i ecologia. València, Universitat de València, 2016, p. 83.
  34. ^ DE LA CALLE, Román. Ximo Michavila al Museu de Belles Arts de València. En VV.AA. Materia Reservada. València, Generalitat Valenciana, 2006, p. 43.
  35. [^ Este texto se encuentra en MICHAVILA, Joaquín. Vicente Gómez: La ciudad reencontrada, en el tríptico Vicente Gómez García. Valencia. Desarrollo de una investigación estética, Sala Testar, Comissió de Cultura de l’Ajuntament de Paterna (Valencia), 1982. Véase GÓMEZ LOZANO, Josep-Marí y GÓMEZ ALEMANY, Joan (Coords.). VALENCIA Y LA ABSTRACCIÓN, CONSTRUCCIONES CON GEOMETRÍA Y COLOR. Trayectoria vital y creativa del artista Vicente Gómez García (1926-2012). Op cit. p. 181.